Qué ver en Alicante: La Isla de Tabarca

Alicante no sólo fue la primera ruta de Iberia Express sino que sigue siendo uno de nuestros destinos turísticos más importantes tanto para el verano como para el invierno. El Castillo de Santa Bárbara, las playas, la Basílica de Santa María… Entre todos sus rincones le queremos dedicar un espacio a la Isla de Tabarca, uno de esos lugares mágicos que no todo el mundo conoce pero que nadie se debería perder.

La Isla

También conocida como Plana o Nueva Tabarca, la Isla de Tabarca se encuentra a poco más de 20 kilómetros de Alicante y a ocho del puerto de Santa Pola. Se trata de la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Con tan sólo 70 habitantes censados y sólo 17 durante el invierno, las 4.000 visitas diarias que recibe la isla en agosto son un ejemplo perfecto del interés que despierta. Tiene unos 1.800 metros de largo y alrededor de 400 de ancho rodeada por mediterráneas aguas cristalinas junto a los tres islotes cercano: La Cantera, La Galera y La Nao. De hecho, es un excelente lugar para la práctica del buceo ya que sus aguas han sido declaradas Reserva Marina del Mediterráneo por la biodiversidad de su flora y fauna.

Las primeras construcciones en Tabarca datan del año 1.760 y fueron obra del Conde de Randa. Sin embargo, mucho antes ya era conocida y recibió nombres como Planasia, Planaria, Blanasia o Isla de San Pablo por parte de griegos, romanos o árabes. El nombre actual se debe a Carlos III, que colonizó la isla con cientos de pescadores genoveses liberados en el puerto de Tabarka de Túnez. Como herencia, algunos de los tabarquinos cuentan con apellidos de origen italiano.

¿Qué hacer?

Teniendo en cuenta la riqueza natural de sus aguas, disfrutar de la estancia en la isla para visitar sus playas y calas es más que normal. Para acceder a algunas de ellas, eso sí, es necesario el calzado adecuado por la presencia de rocas. La playa más popular está cerca del embarcadero, junto al Museo de Tabarca y los restaurantes o chiringuitos.

La isla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1964 y se caracteriza por la muralla que rodea al casco urbano y que ha sido rehabilitada o reconstruida en algunos tramos. En la muralla se abren tres puertas principales de estilo barroco: la de Levante o San Rafael, la de la Trancada o San Gabriel y la de Alicante o San Miguel. Además, también son una visita imprescindible la Iglesia de San Pedro y San Pablo o la Casa del Gobernador, que actualmente alberga un hotel con encanto. La Torre de San José, por su parte está fuera del recinto amurallado y fue utilizada como prisión de estado. Por último, el Faro inaugurado a finales del siglo XIX que sirvió de escuela de fareros. De ahí sus grandes dimensiones. Al sur de la isla y bajo las murallas se encuentra la Cueva del Llop Marí, un lugar perfecto para el relax y el buceo. Cuenta la leyenda que antiguamente fue el refugio de un monstruo marino al que los pescadores de la isla intentaban dar caza.

Después de una jornada de playa también recomendamos conocer la cultura gastronómica de la zona, especialmente el plato local: caldero tabarquino. Se trata de un guiso basado en el pescado, con caldo de gallina y morralla. Se sirve en dos partes: primero el pescado y después el arroz. Uno de los momentos más inolvidables que se puede vivir en la isla es el del atardecer después de que todos los barcos de visitantes hayan regresado a la península. Una experiencia irrepetible de silencio y tranquilidad.

¿Cómo llegar?

Iberia Express te lleva hasta Alicante, pero para llegar a la Isla de Tabarca tienes distintas opciones: Alicante, Santa Pola, Guardamar del Segura y Benidorm. Desde Alicante el trayecto dura alrededor de 1 hora y está operado por Cruceros Kontiki, con distintos horarios en función de la época del año y varias salidas diarias durante el período estival. También es posible realizar excursiones en Catamarán con Magic Alicante. Desde Benidorm, Guardamar y Santa Pola lo más recomendable es contactar con las oficinas de turismo locales para ampliar la información.