Santa Catalina, el Soho de Palma de Mallorca

Texto e imágenes: Javier Mazorra (@JavierMazorra)

Ya no es el secreto mejor guardado de Palma pero el barrio de Santa Catalina sigue siendo un inusitado oasis de creatividad y particular idiosincrasia entre el señorial casco histórico y la zona turística, de la que todavía muchos mallorquines conocen como la Ciutat.

Barrio Santa Catalina, Palma de Mallorca

Para encontrarlo sólo hay que atravesar la frondosa vaguada del Torrent de Sa Riera por alguno de los dos puentes que Gaspar Bennazar construyó a finales del S.XIX, como parte del Plan Calvet que sPalma de Mallorcaentó las bases del Ensanche de Palma.  En realidad ya se vislumbra desde los miradores del remodelado Es Baluard, reconvertido en flamante Museo de Arte Moderno y Contemporáneo más allá del Parque de la Feixina pero la auténtica Santa Catalina sólo surge en todo su esplendor cuando se atraviesa la avenida Argentina.

De pronto parece que entráramos en una cápsula del tiempo. Las casas, que rara vez superan el par de pisos, se vuelven multicolores. Casi todas albergan alguna tienda curiosa, un bar o un restaurante en sus bajos y nadie parece tener prisa. Y se mire por donde se mire surgen molinos de viento en el horizonte.

Palma de Mallorca

Nadie sabe a ciencia a cierta en que momento este barrio marinero e industrial se convirtió en el Soho de Palma. Ya a finales del S.XX se había progresivamente llenado de bares y restaurantes curiosos. Hace años que la plaça Vapor es conocida por su intensa vida nocturna y que algunos extranjeros con visión de futuro empezaron a comprar propiedades en esta privilegiada colina a dos pasos del mar. Pero quizás el bautismo internacional se produjo en 2009 cuando el 1 de junio de 2009 Monocle la revista del influyente Tyler Brûle, anteriormente creador de Wallpaper abrió su famosa tienda -sólo para el verano- en el carrer San Magin.

La Ferretería Central, Palma de Mallorca

Lo curioso es que a pesar de ese salto a la fama Santa Catalina no ha perdido el carácter único que lo hace tan original. Es cierto que ahora los descendientes de aquellos marineros conviven con forasteros y que han surgido muchos negocios inimaginable hace sólo veinte años pero todavía un edificio modernista tan espectacular como el de Sant Magi nº 37, construido en 1908, alberga la Ferretería Central y el Mercat de Santa Catalina, el más antiguo de la ciudad, no se ha transformado en un centro gastronómico de diseño como le ha ocurrido al Mercat de San Juan en el antiguo Matadero o S’Escorxador, manteniendo un producto excepcional que atrae no sólo a la población local sino también a numerosos chefs de toda la isla.

Comida de Palma de Mallorca

Eso sí, los sábados al medio día, no cabe un alfiler. Toda la ‘modernidad’ de Palma se da cita allí para hacer el brunch en el Bar Joan Frau o el Bar la Tapita. Aunque más de uno termina en alguno de los bares y cafés que han aparecido en su entorno, tanto en lo que se conoce como plaça Navegació como en el carrer Annibal. Y los que buscan algo más tranquilo y sofisticado se refugian en la terraza del Hostal Cuba, en la esquina de Sant Magi con Argentina.

Al atardecer la calle con más ambiente es la de La Fábrica, sobre todo desde que ha sido peatonalizada pero son muchos los que prefieren otros rincones más cercanos al Jonquet, ese minúsculo laberinto de callejuelas rodeado de molinos de viento que se asoma a ese Paseo Marítimo ganado al mar.

Lo mejor de Santa Catalina es qLa Madeline de Proust, Palma de Mallorcaue cada uno va a encontrar su lugar favorito. Durante el día vale la pena explorar sus distintas plazas, donde no falta una iglesia casi monumental  en la plaça de de la Verge del Miracle y abunda un estilo modernista quizás no tan grandioso como el que se descubre en el casco histórico pero lleno de encanto y personalidad propia.  No hay que perderse la fachada de Can Palmer  construida en 1910 entre las calles Quetgles y Despuig  o las que surgen en Pou, destacando Can Pujol en el número 24 conocida por sus elegantes barandillas de hierro forjado y los elementos florales que decoran los dinteles de las ventanas.

Palma de Mallorca

Para  luego terminar asomándose al puerto desde el carrer Terrer, no sin antes visitar el Museo de los molinos que se esconde en el conocido como el Molí d’en Garleta, uno de los que todavía sobreviven el paso del tiempo.

Molí d’en Garleta, Palma de Mallorca

Por las noches el punto caliente sigue siendo la plaça Vapor donde según el día de la semana la discoteca se transforma en La Demence o en otros paraísos.

Palma de Mallorca

Aunque quien prefiera una inmersión total  en el barrio se puede alojar en el muy atractivo Hostal Cuba, otra buena alternativa es el Hotel Jaime III, en la misma frontera entre el casco antiguo y el barrio de Santa Catalina. Un hotel con arte contemporáneo a borbotones  que se ha convertido en uno  de los epicentros de la movida artística y cultural de Palma al formar parte del grupo HM a quien pertenecen las galerías Horrach Moya, una de las cuales  se encuentra precisamente al otro lado del puente, en el carrer Catalunya.

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